Los efectos de la depresión en el cerebro

Los efectos de la depresión en el cerebro

Los efectos de la depresión en el cerebro

El origen de la depresión se encuentra en un desequilibrio de los neurotransmisores como la serotonina y la dopamina (que determinan nuestros niveles de felicidad). Un suceso doloroso en la vida de una persona puede disminuir el nivel de estos neurotransmisores y provocar una depresión.

¿Qué es la serotonina?

Neurotransmisores: serotonina y dopamina

La serotonina se encarga de regular el  hipotálamo en el cerebro y éste a su vez regula los ciclos de hambre y sueño, así como la respuesta física a las emociones (acelera el pulso, dilata las pupilas ante el peligro…). Cuando la serotonina baja, la actividad del hipotálamo aumenta descontroladamente.

En este punto, la persona depresiva comienza a sufrir insomnio o hiperinsomnio (duerme más de lo normal). Del mismo modo, puede perder el apetito o tener sensación constante de hambre. A continuación vemos más efectos de la depresión en el cerebro.

Más efectos de la depresión en el cerebro

Depresión y efectos sobre el cerebro

La depresión también afecta el hipocampo, encargado de la generación de nuevas neuronas, del aprendizaje y la memoria. El estrés continuado hace que el hipotálamo produzca mayores niveles de cortisol, la llamada “hormona del estrés” reduciendo la actividad del hipocampo. Es decir, una persona con depresión renueva menos sus neuronas. Esto hace más difícil para esa persona eliminar estímulos asociados al miedo.

Cuando se ralentiza la actividad del hipocampo, a la persona le cuesta más superar el miedo a acciones cotidianas (quedar con amigos, acudir al trabajo). Además, comienza a sufrir problemas de memoria, ya que la parte encargada de almacenar los recuerdos no funciona como debe.

El estrés tiene efectos también en la amígdala, el centro de control de miedo del cerebro. La persona depresiva se vuelve más propenso a sentir como amenazantes situaciones que no lo son, lo que en ocasiones deriva en ataques de ansiedad. Además se produce una desconexión entre la amígdala y las áreas del cerebro ligadas a las emociones, provocando una percepción negativa de la información externa (“sesgo de procesamiento de información”).

El cortisol es la hormona del stressEn la práctica, este trastorno de la amígdala hace que la persona depresiva se vuelva muy pesimista. Apenas presta atención a los momentos positivos, mientras que las situaciones negativas tienen un impacto muy fuerte en ella. Esta idea constante de “todo va a ir mal” pueden llevarla a sufrir crisis de ansiedad.

La acción continuada del cortisol inhibe también la producción de dopamina (responsable de la sensación de placer). Ante esta pérdida, la actividad en la corteza o córtex prefrontal del cerebro también se ve mermada. Esta zona del cerebro es responsable de gestionar la felicidad asociada a metas personales.

En este punto, la persona depresiva deja de tener sueños y objetivos personales. Pierde el interés por ese viaje para el que lleva tiempo ahorrando o por ese puesto de trabajo que esperaba conseguir, entre otros ejemplos.Córtex Prefrontal

Depresión, tema tabú

A día de hoy la depresión sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad. Sin embargo, como hemos visto, se trata de un trastorno complejo que afecta a la propia estructura del cerebro. Cuando estos cambios en el cerebro se alargan en el tiempo, hablamos de una depresión crónica, en la que la persona afectada no es capaz de superar sus efectos por sí sola.

Tras haber visto los efectos de la depresión en el cerebro, si crees que sufres una depresión o conoces a alguien que pueda sufrirla, pide ayuda y concierta una cita con nuestro psicólogo para poder superarla.

No hay comentarios

Publicar un comentario